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Volvamos a Jehová


Por: David Pratte

INTRODUCCIÓN:

El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento a menudo dejó los caminos de Dios y se fue al error. Cuando esto sucedía, Dios inmediatamente no les abandonó como si fuera imposible corregirlos. Les urgió a que regresaran y les ofrecía perdonarlos si se arrepentían.

Oseas 6:1 - "Venid y volvamos a Jehová".

Isaías 55:6-7 - El impío debía dejar sus caminos y volverse a Jehová. El tendría misericordia y sería amplio en perdonar.

De igual manera hoy día nosotros aún tenemos personas que comienzan a servir a Dios pero luego caen en el error. Y Dios llama aún a tales personas al arrepentimiento de modo que pueda perdonarlos. El propósito de este estudio es considerar la necesidad que tienen algunos hijos de Dios de ser restaurados. En casi toda comunidad hay miembros de la iglesia que necesitan arrepentirse de pecado. A menudo estas personas saben que son culpables. Instamos a todos los miembros a considerar si necesitan volverse al Señor.


I. Los Cristianos Debemos Permanecer Fieles Para Ir Al Cielo


Convertirse en hijo de Dios es sólo el comienzo. Para entrar al cielo debemos continuar de principio a fin con un servicio continuo durante nuestro tiempo de vida.

A. El Servicio a Dios Debe Ser Prioritario

Romanos 12:1-2 - No nos conformemos a este mundo, sino que presentemos nuestros cuerpos como un sacrificio vivo en el servicio a Dios.

Mateo 6:19-24,33 - Hagamos tesoros en el cielo, no en la tierra. Usted no puede tener dos maestros, de manera que busque primero el reino de Dios y Su justicia.

Mateo 16:26-27 - Los verdaderos seguidores de Jesús deben negarse a sí mismos, dar sus vidas en el servicio a Dios, y reconocer que el alma es de más valor que todo el mundo.

2 Cor. 5:14-15 - Para tener los beneficios de la muerte de Jesús, debemos vivir para El, no para nosotros mismos.

¿Cuáles son sus prioridades? ¿Está en lo correcto cuando Dios es la cosa más importante en su vida? ¿O está más interesado en su trabajo, familia, posesiones, recreación, entretenimiento, etc.? Si la fidelidad a Dios no ha sido su principal prioridad, entonces debe llegar a serlo si busca la vida eterna. [Véase también Ec. 12:13; Col. 3:1-2; 2 Cor. 8:5; Mat. 10:34-37; Gál. 2:20].

B. La Obediencia a Dios Es Esencial

Santiago 1:21-27 - No es suficiente simplemente conocer la verdad de Dios, debemos hacerla si queremos las bendiciones de Dios. Muchas personas son religiosas y conocen la verdad, pero si no practican la verdad, su religión es de ningún valor.

Romanos 6:1-18 - El bautismo debe iniciar un tiempo de vida de obediencia, andando en vida nueva. Habiendo sido liberados del pecado, no debemos continuar en él, sino presentar nuestros miembros como instrumentos para la justicia.

Lucas 6:46; Mateo 7:21-28 - No es suficiente decir que Jesús es nuestro Señor. Para entrar en el reino de los cielos, debemos vivir una vida que sea aceptable - hacer la voluntad de Dios.

1 Juan 2:3-6 - Si decimos que conocemos a Dios, pero no le obedecemos, somos mentirosos. La forma para saber que le conocemos es si guardamos Sus mandamientos y andamos como El anduvo.

¿Ha estado viviendo obedientemente desde que se convirtió en hijo de Dios? Si no, si usted quiere serle aceptable, debe decidir que va a obedecer. [Véase también Juan 14:15,21-24; 1 Juan 5:3; 3:6-10; Mat. 28:20; Heb. 5:9; Hch. 10:34-35; Gál. 5:6; Stg. 2:14-26].

C. Continuar Firmes

De aquellos que comienzan sirviendo a Dios, muchos caen por el lado equivocado. El comienzo es inútil a no ser que continuemos sirviendo a Dios hasta la muerte.

Gálatas 6:7-9 - Para segar la vida eterna, no debemos crecer cansados o desanimarnos con hacer el bien. Segaremos corrupción si permitimos que los problemas y obstáculos nos lleven a parar nuestro trabajo.

Romanos 2:6-10 - La vida eterna es para aquellos que continúan pacientemente en el bien hacer, no para aquellos que practican la injusticia.

1 Cor. 15:58 - Ser firmes, constantes, creciendo siempre en la obra del Señor, porque el trabajo en el Señor no es en vano.

Mateo 10:22; Ap. 2:10 - Debemos perseverar y ser fieles hasta el fin - hasta el grado de la muerte.

¿Ha continuado pacientemente haciendo la voluntad de Dios o ha caído en el pecado? Si no ha sido fiel, debe reparar su mente para que continúe sirviéndole hasta la muerte, no importando lo que el futuro pudiera deparar. [Véase también Lucas 8:15; Heb. 10:35 y Sigs.; 6:12-15; 3:14; Col. 1:10-11; Ap. 2:2-3; Stg. 5:7-8; 1:12].


II. Pero los Hijos de Dios a Menudo Se Vuelven Infieles


Aunque Dios dice que deberíamos continuar obedientes, a menudo, en la práctica, nos volvemos desobedientes y nos hacemos dignos de ser castigados.

A. El Peligro de Caer

Ezequiel 33:12-13,18 - Dios advirtió a los Judíos que el justo que fuera al pecado sería castigado por ello. Todas las obras buenas que hizo no lo salvarán.

1 Cor. 9:27; 10:1-12 - Israel sirve como ejemplo de que el mismo principio es verdad en el Nuevo Testamento: debemos tener cuidado para que no caigamos y desobedezcamos a Dios. Aún Pablo podría ser rechazado si fallaba en el correcto control de sí mismo.

Heb. 3:12-14 - Otra vez aprendemos de Israel que Dios no permitiría que entraran al reposo prometido a causa de sus pecados (v.7-11). Los Cristianos Hebreos estaban en peligro del mismo error - un corazón malo de incredulidad, apartándolos de Dios, siendo endurecidos por el engaño del pecado. Participamos de Cristo solamente si continuamos firmes hasta el fin.

2 Pedro 2:20-22 - Si conocemos el camino de la justicia, pero nos apartamos de él y nos enredamos de nuevo en el mundo, somos como el perro que regresa a su vómito o como una puerca lavada que vuelve a revolcarse en el pantano. Hubiera sido mejor que nunca le hubiéramos servido a Dios.

A pesar de la advertencia de Dios sobre el peligro de que Sus hijos se vuelvan infieles, la verdad es que esto sucede a menudo. Aún ocurre en los ancianos, diáconos, predicadores, maestros, etc. Esto puede ocurrirle a cualquiera si no es cuidadoso. ¿Le ha sucedido? [Véase también Gál. 5:1-4; Heb. 10:26-31; Ez. 18:20-26; 1 Juan 1:8-2:2].

B. Ejemplos de Apostatar

Adán y Eva (Gén. 3) - Adán y Eva habían estado en comunión con Dios desde la creación, pero pecaron y rompieron la comunión. El sufrimiento y la muerte fue el resultado. Sirven como una lección para nosotros sobre el peligro de caer (2 Cor. 11:3).

David (2 Samuel 11 y 12) - David cometió adulterio con Betsabé, luego tuvo que matar a su esposo para cubrir su pecado. David se arrepintió con mucho dolor por lo cometido, pero de cualquier forma por años sufrió las consecuencias. [Comp. Sal. 51:1-11; 32:1-5].

El hijo pródigo (Luc. 15:11-32) - Aunque era verdaderamente hijo del padre, el hijo pródigo quiso su herencia para prostituirse. Esto lo llevó a consecuencias severas. ¿Qué acerca de nosotros - hemos cometido pecados de los que deberíamos arrepentirnos?

Pedro (Mat. 26:69-75) - Aunque era apóstol, Pedro negó a Jesús tres veces, aun jurando que no le conocía. Después de esto, sintió una pena horrible. Si él pudo pecar, ciertamente también es posible que nosotros lo hagamos. No obstante, él se arrepintió y eventualmente se convirtió en uno de los obreros más efectivos de Jesús. ¿Estamos deseando arrepentirnos de nuestros pecados?

Simón el mago (Hch. 8:12-14) - Simón obedeció al evangelio pero más tarde pecó al tratar de comprar el poder de impartir el Espíritu Santo. Se le dijo que estaba en iniquidad y que debía arrepentirse o perecería.

Los Cristianos, algunas veces, se vuelven demasiado confiados acerca del pecado - "Eso no me puede ocurrir". O fallamos en percibir el sentido de culpa que deberíamos tener por nuestros pecados. Si esto pudo sucederle a todas estas personas, también puede ocurrirnos si somos negligentes. Y el pecado trae consecuencias serias. Necesitamos tomarlo seriamente. [Véase también 1 Cor. 10:1-12; Núm. 20:2-13; 2 Tim. 4:10; Jer. 3:6-22; 14:7; el ejemplo del rey Saúl].


III. Dios Quiere Que Sus Hijos Sean Salvos


Mientras necesitamos estar interesados acerca del peligro del pecado, algunas personas se vuelven tan oprimidas por la culpa que piensan que sus caos están sin esperanza que bien podrían renunciar. Considere lo que Dios ha provisto para nuestra salvación.

A. Dios Quiere Perdonar

A pesar de la gravedad de los pecados cometidos por todos los hombres que ya hemos estudiado, Dios quería perdonar a cada uno de ellos. Si es así, entonces también quiere perdonarnos a nosotros.

Isa. 55:6-7; Ez. 18:21-23 - Claramente Dios estaba deseando perdonar a Israel si se arrepentían. El no se goza en la muerte del impío - quiere salvar, no castigar. Ofrece abundante misericordia y perdón. [Jer. 3:13-22; 36:3-7; Oseas 14:4].

2 Pedro 3:9 - Dios no quiere que nadie perezca. Es paciente porque quiere que nos arrepintamos. [1 Tim. 2:4-6; Tito 2:11].

1 Juan 1:8-2:2 - Dios claramente nos advierte de que no pequemos. Pero también declara la realidad de que todos pecamos. Cuando pecamos, Jesús es nuestro abogado y Propiciación. El murió, no sólo por el mundo, sino también por los hijos de Dios que pecan. Dios está deseando perdonar y limpiarnos de toda injusticia. [Juan 3:16; Rom. 5:6-10; Luc. 5:32; 19:10; Ef. 1:7; Heb. 7:25].

Lucas 15:4-10,22-24 - Todo el punto de las narraciones de la oveja perdida, de la moneda perdida, y el hijo pródigo, es que Dios quiere que los pecadores se arrepientan y también deberíamos desearlo. El gran esfuerzo por recuperar lo que hemos perdido, y el gran gozo cuando es encontrado, todo esto muestra realmente cuánto quiere Dios salvar a Sus hijos cuando pecan.

Apreciemos la seriedad del pecado. Pero apreciemos también el hecho de que la gracia de Dios es más grande que el pecado (Rom. 5:20; 1 Tim. 1:13-14). No nos desesperemos a causa de nuestros pecados, sino que regresemos a El con gran humildad, confiando en Su amor por nosotros.

B. Dios Usa Su Palabra y a Otros Cristianos para Restaurarnos

Ap. 3:19 - Jesús reprende y castiga a todos los que ama. La palabra de Dios nos dice cuándo estamos en pecado y nos urge al arrepentimiento. Esto incomoda nuestras conciencias, pero es hecho así porque Dios nos ama y no quiere castigarnos. [Heb. 12:5-12; 2 Tim. 3:16-17].

Santiago 5:19-20 - Los demás Cristianos tienen una obligación dada por Dios cual es la de hablarnos acerca de nuestros pecados. Si guardamos resentimiento por esto, recordemos que Dios ha mandado esto como una parte de Su plan para restaurarnos. [Gál. 6:1-2; 2 Tim. 2:24-26; Luc. 17:3-4; 2 Tim. 4:2; 1 Tim. 5:20; Ez. 33:1-9; Pr. 10:17; 13:18; 15:31-33; 24:24-25; 25:12; 28:4,23; 29:1].

2 Tes. 3:6,14-15; Mat. 18:15-17 - Si rehusamos arrepentirnos cuando somos reprendidos, la iglesia debe ir más allá y apartarse de nosotros. Nuevamente, esto es un acto de amor hecho en obediencia al mandamiento de Dios para nuestro bien, para motivarnos al arrepentimiento. [1 Cor. 5; Tito 3:10; Rom. 16:17-18].

2 Cor. 2:5-11 - Cuando los Cristianos extraviados se arrepienten, los demás Cristianos deben perdonarlos y confirmar el amor para ellos de modo que no sean consumidos de demasiada tristeza. [Luc. 16:3-4; Mat. 6:12-15; 18:21-35].

C. Podemos Servir a Dios Fielmente

Algunas personas logran desanimarse tanto a causa del pecado que piensan que el servicio a Dios es demasiado duro - que no pueden hacerlo así.

1 Cor. 10:13 - Habiéndonos advertido que nos guardemos del caer (v.1-12), Dios nos asegura que no permitirá que cualquier tentación vaya más allá de lo que nuestra capacidad pueda manejarla, con Su ayuda. El siempre da una vía de escape (esto no quiere decir que la tentación se irá, sino que podemos ser fieles a pesar de esto).

1 Ped. 5:6-10 - Podemos resistir al Diablo, con la ayuda de Dios. Si estamos postrados delante de Dios, llamémosle en oración, y estemos vigilantes y determinados a ser firmes, entonces podremos resistir satisfactoriamente a Satanás. Otros Cristianos resisten las mismas tentaciones, de manera que nosotros también podemos (Stg. 4:7).

Efesios 6:10-18 - Dios nos provee de todas las armas y herramientas que necesitamos para pelear contra Satanás. Esta armadura hace que la fuerza de Dios esté al alcance de nosotros de manera que seamos capaces de resistir toda tentación. Para que salga bien, debemos estar familiarizados con nuestras armas y usarlas diligentemente.

Fil. 4:13 - Podemos hacer todas las cosas a través de Cristo quien nos fortalece. Si confiamos sólo en nuestra propia fortaleza, Satanás nos derrotará. Pero nunca hay razón para fallar si confiamos en la fortaleza de Dios y la usamos en nuestras vidas.

Si usted ha estado en pecado, debe tener fe de que puede ser perdonado y vivir para Dios. Podría tomarle tiempo crecer en Cristo, pero puede hacerlo. ¿Está usted deseando hacer cualquier cosa que se requiera, y usar la fortaleza de Dios de manera que pueda ser fiel y recibir la vida eterna? [Véase también 2 Tim. 3:15-17; Rom. 8:31-39; 1 Ped. 1:3-5; 1 Juan 5:3; 2 Ped. 1:3; Efe. 3:20-21; Josué 1:5-9; 2 Cor. 10:4-5; 9:8-10; Fil. 4:6-7].


IV. Hay Condiciones Que Debemos Reunir para Ser Perdonados


Si un hijo de Dios está convencido de que necesita ser perdonado y quiere hacer su vida recta y volverse nuevamente fiel, ¿qué debe hacer?

A. Arrepentirse de los Pecados

Mateo 21:28-32 - Un padre le dijo a su hijo que fuera a trabajar. El se rehusó, pero más tarde se arrepintió y fue. De igual manera nosotros debemos arrepentirnos cuando hayamos desobedecido a Dios. El arrepentimiento es un cambio de mente en el que decidimos dejar de vivir en pecado y comenzar a hacer la voluntad de Dios.

Hechos 8:22 - Cuando Simón pecó, Pedro le dijo que se arrepintiera y orara por el perdón.

2 Cor. 7:10 - El arrepentimiento piadoso produce arrepentimiento para salvación. Si estamos afligidos verdaderamente por nuestros pecados, determinaremos vivir obedientemente. Este arrepentimiento es tan vital para nuestra salvación que es el punto de vuelta. Nadie deja el pecado hasta que deciden dejarlo. ¿Se ha arrepentido de sus pecados? [Véase también Sal. 38:18; Ap. 2:5; 3:19; Rom. 2:4-5; Ez. 18:30-32; 2 Tim. 2:25-26].

B. Orar por el Perdón

Hechos 8:22 - A Simón le fue dicho que se arrepintiera y orara por el perdón.

1 Juan 1:9 - Dios es fiel y justo para perdonarnos si confesamos nuestros pecados. No se avergüence de hablarle a Dios acerca de sus pecados. El quiere perdonarnos. Pero debemos pedírselo.

Pr. 28:13 - Si encubrimos nuestros pecados no prosperaremos. Debemos confesarlos y alejarnos de ellos para tener misericordia. No piense que puede esconderse de Dios o que El perdonará sus pecados si sólo deja de cometerlos. Debe admitir su culpa y pedir el perdón. ¡Dígalo!

Mateo 6:12 - Jesús nos enseñó a orar por el perdón de Dios.

Lucas 18:13 - El publicano oró, "Dios, sé propicio a mí, pecador". [Véase también 2 Cr. 7:14; Sal. 51:1-14; 32:1-5; 38:18].

Nótese que únicamente al hijo de Dios le es dicho que ore por el perdón cuando peca. A las personas que nunca han sido bautizadas, les es dicho que para que sean perdonadas, deben arrepentirse de los pecados, confesar a Cristo, y ser bautizadas para recibir el perdón (Mr. 16:15-16; Rom. 1:16; 10:9-10,17; Hch. 2:38; 17:30; Rom. 6:3-4; Hch. 22:16). Esto es lo que debe hacer si nunca lo ha hecho. Si ha hecho esto y regresó al pecado, entonces debe arrepentirse y orar.

C. Corregir Cualquier Ofensa Hecha a los Demás

Si un pecado es conocido solamente por usted y Dios, entonces nada más lo que necesita es arrepentirse y orar. Pero si otros han sido ofendidos por el pecado, o si otros lo saben, algo mas es requerido para corregir el efecto de su pecado.

1. Disculparse ante las personas que personalmente ofendió.

Mateo 5:23-24 - Para que Dios acepte nuestra adoración, debemos hacer lo que podamos para rectificar lo malo que hemos hecho en otros. Vaya donde ellos.

Stg. 5:16 - La confesión de nuestros pecados a otros podría ayudarnos en varias formas, pero es esencial cuando personalmente hemos ofendido a otros.

Lucas 15:18,21 - El hijo pródigo había pecado, son sólo contra el cielo (Dios), sino también contra su padre, al malgastar el dinero de su padre en el mal vivir. Se levantó, y fue donde aquel que había ofendido, y le dijo, "he pecado ... contra ti".

Lucas 17:3-4 - Si otros son los que nos perdonan, debemos decirles, "Me arrepiento".

No podemos ser perdonados si somos demasiado orgullosos o cobardes para reconocer el pecado y pedir el perdón. No trate de admitir sólo lo menos posible lo que usted puede aprender de esto. Vaya donde el ofendido y dígale, "He pecado. Me arrepiento. Por favor perdóname".

2. Haga la restitución (donde sea posible).

Algunas veces cometemos pecados cuyas consecuencias continúan - continúan ofendiendo a otras personas aún después de que nos hemos arrepentido y hemos sido perdonados. Estamos obligados a tratar de eliminar estos efectos perjudiciales en el grado en que podamos.

Ez. 33:14-15 - Si un impío se vuelve del pecado y determina hacer lo que es recto, debe regresar toda cosa que robó. Esto es llamado algunas veces "restitución" - compensación por lo perdido. [Lev. 6:1-5; Núm. 5:5-8; 2 Sam. 12:6; Ex. 22:1-15; 1 Sam. 12:3].

Mat. 21:28-31 - Cuando el hijo se arrepintió, simplemente no decidió que la próxima vez lo haría de la manera correcta. Para corregir los efectos de su ofensa, tuvo que hacer el trabajo que incorrectamente había rehusado hacer.

Luc. 19:8 - Zaqueo dijo que restauraría cuatro veces cualquier cosa que hubiera tomado incorrectamente de los demás.

Filemón 10-14,18-19 - Onésimo escapó de su amo, Filemón. Esto causó pérdidas al amo. Cuando fue convertido, para reparar las pérdidas causadas, Onésimo hubo de regresar a su amo.

Desafortunadamente, algunos pecados (tales como el homicidio) causan tal perjuicio permanente que no hay forma de reponer completamente el daño. Sin embargo, al grado de nuestra capacidad, debemos compensar a los demás por el daño causado por nuestros errores. [Véase también Ez. 9:1-10:44; Neh. 5:1-13; Pr. 6:30 y Sigs.; Hch. 16:33; 26:20; 19:18-19].

3. Confesar nuestro arrepentimiento ante los miembros de la iglesia si nuestros pecados son conocidos.

Luc. 17:3-4; Gál. 6:1-2 - Si otros miembros saben acerca de nuestro pecado, deben ver que seamos reprendidos hasta que nos arrepintamos. Si nos arrepentimos, debemos decírselos para que sepan que no necesitan continuar reprendiéndonos, sino que pueden tratarnos como perdonados. [Stg. 5:19-20; etc. - Véase las Escrituras previamente nombradas].

2 Cor. 2.5-11; 2 Tes. 3:6,14-15 - Si algún miembro sabe que hemos pecado y que no queremos arrepentirnos después de ser reprendidos, la iglesia debe apartarse de nosotros. Cuando nos arrepentimos, debemos dejar que ellos lo sepan para que puedan tratarnos como miembros fieles - perdonarnos, animarnos, y darnos seguridad de su amor. Si no dejamos que ellos sepan cuando nos arrepentimos, continuarán tratándonos como pecadores no arrepentidos. [Véase las Escrituras previas].

Pr. 22:1; 2 Cor. 8:21 - Debemos estar interesados por nuestra reputación. Los pecados manchan nuestra reputación, si es que otros los conocen. Para reedificar nuestra reputación, deberíamos dejar que las otras personas sepan de nuestro arrepentimiento. [Ec. 10:1].

Mat. 18:6-7; Heb. 12:15 - Cuando otros Cristianos saben que hemos pecado, esto causa tropiezo, tentación, y desánimo en ellos. Sentamos un mal ejemplo, y una influencia perjudicial. El principio de la restitución requiere que nosotros venzamos esta ofensa cuando sea posible. Podemos hacer esto por medio de dejar que ellos sepan que nos hemos arrepentido. [Véase también 1 Tim. 4:12; Tito 2:7-8; Pr. 28:10; Lucas 17:1-2; Rom. 14:21; 1 Cor. 8:12; 5:6].

2 Ped. 2:1-2; 1 Tim. 5:14; 6:1 - Si nuestros pecados son conocidos fuera de la iglesia, esto también ofende a otros miembros porque esto obstaculiza sus esfuerzos para salvar a los perdidos. Hace que el camino de la verdad sea hablado mal por parte de ellos. Otra vez, la restitución requiere que dejemos a los demás saber cuando nos hemos arrepentido. [Véase también Rom. 2:24; 1:18; 2 Cor. 6:3; 8.21; Tito 2:5-8; 1 Ped. 2:12; 3:16; 1 Tes. 4:12; 2 Sam. 12:14].

D. Luego Permanecer Fieles

Hechos 26:20; Luc. 3:8-9 - Hacer frutos de arrepentimiento. Hacer los cambios en la conducta que usted ha decidido hacer.

Ez. 18:21-23,27-28,30-32 - El impío vivirá si se vuelve de su maldad y hace lo que es correcto.

Mat. 21:28-29 - El hijo se arrepintió y luego hizo lo que se le había dicho.

Pro. 28:13 - Habiendo confesado los pecados, debemos dejarlos.

[Véase también Ez. 33:11-16; Ap. 2:4-5; Isa. 55:6-7; Jer. 18:11].

Conclusión

¿Usted por qué debería regresar al servicio de Dios? (1) Porque Dios es su Hacedor y Maestro (Luc. 6:46; Ec. 12:13). (2) Porque Dios lo ama y usted debería amar a Dios (1 Juan 4:19; 5:3; Juan 14:15). (3) Porque Jesús murió para salvarlo (2 Cor. 5:14-15; Rom. 5:6-10). (4) Para que pueda tener vida eterna en lugar de castigo eterno (Rom. 2:5-10; Mat. 25:46).

Si usted es un hijo de Dios que es culpable de pecado, le urgimos a que se arrepienta, ore por el perdón, corrija la ofensa hecha por su pecado, y luego viva una vida de servicio fiel a Dios.

Versión al Español Por: Jaime Restrepo M.

(c) Copyright 1985, 2003, David E. Pratte

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